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El Cazador sin Cabeza

El Cazador sin Cabeza
El jinete sin cabeza

Gabriel y su mamá
vivían en una pequeña cabaña en el bosque. Su hermano Alberto había huido a la ciudad hacía dos años y nunca regresó. 

La mamá de Gabriel a menudo le advertía que no se adentrara en el bosque debido al temible Cazador sin Cabeza

El Cazador había sido un hombre muy cruel. Por lo que el rey ordenó decapitarlo

Según la leyenda, después de ser decapitado, el cazador se escondió en el bosque. Desde entonces recorría el bosque en busca de su cabeza

Era capaz de decapitar a cualquier desafortunada persona que se cruzara en su camino. 

–¡Sal de casa ahora!– gritó la mamá de Gabriel una mañana. Él le había pedido a su mamá ir a la ciudad para encontrarse con Alberto

Gabriel solía molestar a su mamá pidiéndole que le llevase a la ciudad. Su mamá siempre dejaba de lado la idea para ir algún día en el futuro. 

–Bueno, si ella no quiere ir, iré solo!– decidió Gabriel

Esperó hasta que su mamá fuese a trabajar y entonces preparó su bolso. 

Se marchó silenciosamente, por la puerta trasera y tomó el camino que pasaba por el bosque. Era un atajo. 

El Cazador sin Cabeza
El Cazador sin Cabeza

Gabriel tan solo había caminado una hora cuando una luz sobrenatural le bloqueó el paso

–¿Quién es?– preguntó una voz resonante. ¡Era el Cazador sin Cabeza! 

Gabriel estaba aterrorizado. 

–He estado buscando mi cabeza por cien años– dijo el Cazador sin Cabeza. –Pero no he podido encontrarla–. –Y si yo no tengo mi cabeza, tú tampoco tendrás la tuya–. Mientras decía eso el Cazador sin Cabeza corrió hacia Gabriel. Y Gabriel echó a correr, gritando

El cazador estaba alcanzando a Gabriel. Estaba a punto de agarrarle por la camisa cuando un caballo apareció de la nada y el jinete subió a Gabriel a su caballo. 

El asustado Gabriel cerró los ojos. Después de un tiempo el caballo se detuvo. Gabriel abrió los ojos y se sorprendió al encontrarse de pie ante su casa. 

Gabriel elevó la vista hacia el jinete y se quedó helado. Había una figura fantasmal sentada en el caballo, sosteniendo su cabeza en la mano. ¡Se trataba de Alberto, el hermano de Gabriel!, –Cuida a nuestra mamá, Gabriel– le dijo Alberto y cabalgó hacia la niebla que entonces se levantaba. 
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