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¿Quién es Puppeteer?

¿Quién es Puppeteer?
Creepypasta de Puppeteer o el Titiritero.

The Puppeteer
o el Titiritero

Hola y bienvenidos a una nueva historia de terror amigos. Hoy les traemos la adaptación de la historia original de un creepypasta que nos llevan pidiendo por el área de contactos desde hace tiempo, el Titiritero o The Puppeteer

Hacía tiempo que tenía aquella muñeca, casi no recuerdo cuándo me la regalaron. Era de porcelana con largos rizos rubios, brillantes ojos negros y un vestido rojo. 

Estaba siempre sobre mi escritorio frente a la cama, sonriente y dispuesta a hablar conmigo o simplemente verme dormir. 

Nunca olvidaré su imagen, sobre todo porque fue una de las últimas cosas que vi antes de morir. 

Mis compañeros de residencia eran buenas personas, pero no muy habladores. Me hubiese gustado tener más amigos en la Universidad, pero nadie quería acercarse a mí, sólo me dirigían la palabra si necesitaban algo. 

Por suerte, estudiar y hacer las tareas ocupaba casi todo mi tiempo, así no tenía que pensar en lo sola que estaba. 

Además; mis padres me matarían si se enteraran de que estaba desperdiciando mi matrícula. 

Por muy mal que la estuviera pasando, tenía que quedarme y esforzarme por sacar el curso adelante. 

Con el tiempo, empecé a aislarme cada vez más y apareció la paranoia. Traté de buscar ayuda, pero nadie tenía tiempo para escuchar a una estudiante agobiada por los exámenes. 

Pasaba horas sola, encerrada en mi habitación, sin salir apenas y hasta tuve que borrarme de las clases. Aún así, nadie se preocupó. 

Durante semanas, mi habitación se volvió mi jaula, prácticamente no comía y si alguien llamaba a mi puerta, le gritaba para que se marchase. Tampoco insistían una segunda vez. Así pasamos semanas enteras, yo y mi muñeca. Hasta que llegó aquella noche. 

Después de varios días sin salir de la habitación, el ambiente se había enrarecido demasiado, pero la ventana estaba rota y no podía abrirla. Así que por fin me decidí a salir. 

Había perdido la noción del tiempo, pero no había nadie en los pasillos de la residencia y afuera estaba oscuro, así que debía ser de madrugada. Tampoco me importaba. 

Salí a dar una vuelta, me sentía bien en el silencio de la noche, sin nadie alrededor que me molestase. 

Cuando por fin decidí volver a mi habitación, en la penumbra de las escaleras me encontré con alguien de pie allí parado. 

Aquello me molestó, no tenía ganas de dar explicaciones a nadie, así que pasé de largo. La figura ni se inmutó y empecé a asustarme. 

¿Será algún estudiante tratando de asustar a los novatos? Pensé. 

Pero, entonces escuché aquel sonido antinatural, como un zumbido hipnotizante y enervante a la vez. Me quedé paralizada, incapaz de mover un músculo aunque quisiese. 

¿Quién es Puppeteer?
Descubre lo que pasa con la niña de la muñeca de porcelana.

Mi visión empezó a aclararse en la oscuridad y pude ver su aspecto. Iba vestido de negro de arriba a abajo, con chaqueta y gorro. Su pelo estaba muy desaliñado, como si llevara tiempo sin lavarlo. 

Cuando habló, su voz sonaba con un ruido estático, como una radio rota. Sólo pronunció una frase. 

–¿Estás sola aquí verdad?– 

Fue suficiente para helarme la sangre. Sentía como si ya me conociera, como si me hubiese estado observando todo ese tiempo. 

Al volverse hacia mí pude ver su escalofriante rostro. No tenía cicatrices, ni deformaciones, pero en sus ojos y en su boca había un brillo extraño. Un resplandor color naranja dorado. 

Sentí como si esa luz penetrara en mi ser. Fue entonces cuando pude reaccionar y salí corriendo hacia mi habitación. 

Entré a toda prisa y sin darme cuenta, tropecé con el escritorio y tiré mi muñeca de porcelana. Cayó al suelo y su precioso rostro impactó rompiéndose en mil pequeños pedazos. 

De pronto, dejó de escucharse ningún ruido alrededor. Todo había quedado en completo silencio, sólo estábamos yo y mi adorada muñeca rota. 

Traté de gritar de desesperación, pero el sonido se ahogó en mi garganta. Me lancé al suelo y presa de la enajenación comencé a juntar obsesivamente todos los pedacitos de la muñeca. 

Tomé un bote de pegamento de un cajón y traté de recomponerla como pude, pero; cada vez que intentaba unir varios pedazos, estos volvían a deshacerse en mis manos. 

Insistí una y otra vez, ella era mi única amiga y se me estaba escapando entre los dedos. 

Acabé tan exhausta por la desesperación y el pánico, que; finalmente me acurruqué en la cama bajo las sábanas y me dejé llevar. 

No me paré a pensar que él iba a volver. Esta vez, yo estaba semiinconsciente y me sentía como si todo fuese una pesadilla, aunque aún mantenía el control sobre mi cuerpo. 

Se acercó a mi cama y me agarró de las manos, apretando. Yo me sentía flotar en el aire. Unos largos hilos dorados salieron de sus dedos y se clavaron en mis muñecas, atravesando la piel hasta llegar a mis músculos, a los cuales se aferraron. 

Sentía que tomaba posesión de mi cuerpo, como si yo fuese un títere sin vida. Lo cierto es que yo lo dejé hacerlo, y tampoco tenía dolor, al contrario, sentía alivio, como si me liberase de la pesada carga que había sido mi existencia. Era una sensación maravillosa, ya nada importaba. 

De repente él tiró de mis músculos y nervios y todo mi cuerpo se agitó reaccionando en movimientos sincronizados. Él sabía como moverme. 

Entonces comenzó a tararear una canción triste que hablaba sobre él mismo. Se presentaba como el Titiritero, una persona solitaria a quien sólo hacían compañía sus marionetas, sus únicos amigos. 

Yo sentía que ahora era mi amigo también y que estaba allí para liberarme de mi sufrimiento. Le di las gracias con una sonrisa. 

Comenzó a aplastar los huesos de mi cuerpo, a quebrar mis extremidades para hacerme más manejable. Podía sentir como retorcía mis costillas y deshacía mi cadera hasta convertirme en lo que él quería. 

Mis músculos desgarrados habían sido sustituidos por cuerdas doradas y mis extremidades se agitaban en una danza macabra. 

Lo último que sentí fue su cálida mano alrededor de mi cuello, tirando lentamente pero con firmeza y de repente un chasquido seco. 

A la mañana siguiente, encontraron mi cuerpo sin vida ahorcado del techo de la habitación. A mi alrededor no había ningún desorden ni nada extraño. Simplemente una muñeca de porcelana caída en el suelo, con el rostro hecho añicos entre sus largos rizos rubios. 

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