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La leyenda colombiana del Sombrerón

La leyenda colombiana del Sombrerón
El Sombrerón, leyenda de Colombia.

Bienvenidos a un nuevo artículo de terror amigos. Hoy queremos volver a las leyendas para pasar un poco de miedo.

Concretamente viajamos a un país precioso, Colombia, para conocer el mito de El Sombrerón. Se dice que en un pequeño pueblo del departamento de Antioquía vivían Santiago y Camilo, dos amigos que solían beber mucho y tenían una adicción al juego.

Un día, cuando regresaron a casa a altas horas de la noche se encontraron con una terrorífica figura en medio de la oscuridad. Era un hombre vestido de negro subido a su caballo. Corrieron en diferentes direcciones escuchando la terrorífica frase: 
 
—¡Si te alcanzo te lo pongo!—

De repente, el sombrero que llevaba el jinete aumentó de tamaño y cubrió totalmente a Santiago, que acabó en el suelo. Y tan pronto chocó con el piso, el sombrero volvió a su tamaño y lo dejó ahí tirado. En esa ocasión fue solo un aviso. El Sombrerón, también conocido como Jinete negro, es uno de los personajes de terror más famosos del país y de parte de América Latina.

Lo describen como un hombre mayor vestido totalmente de negro. Pero lo que más destaca de su apariencia es un enorme sombrero que no se quita para nada. Eso hace que los que algún día se cruzaron con él de lejos no pudiesen verle el rostro. Va siempre subido a su caballo y lleva con él a dos perros negros y muy fieros. Están sujetados por unas enormes cadenas, esperando a ser soltados para devorar a todo el que se atreva a cruzarse en su camino.

Normalmente deambula por los llanos y caminos en silencio, esperando a encontrarse con algún caminante perdido o a almas corrompidas. Algunas personas que dicen haberlo visto aseguran que tan pronto observa que alguien está cerca, corre velozmente en su dirección. Otros añaden además que grita la siguiente frase:

—¡Si te alcanzo, te lo pongo!—

Si esto ocurre, lo mejor es intentar correr más que él. Sólo siendo más rápidos conseguirán escapar. Los que no consiguieron huir, pero si sobrevivir; lo describieron como un ser absolutamente terrorífico. Al acercarse comprobaron que no se trataba de un hombre de carne y hueso, sino de un simple esqueleto tapado por su enorme sombrero.

Cualquiera que pase cerca está corriendo peligro. Pero él se fija especialmente en hombres sin honra: borrachos, adictos al juego o tramposos. Esto nos recuerda a otras leyendas, como la mexicana del Charro negro. Esta leyenda es conocida en muchos países de América Latina.

En Colombia es un mito muy popular en pueblos como Bolívar, Andes y Jardín. Pero también se habló mucho de él en la capital del departamento de Antioquia, Medellín.

Se dice que en torno al año mil ochocientos treinta y siete (1837) todo se tornó diferente. Afuera hacía un viento muy frío y el sol se comportaba de manera extraña. Todos los vecinos se encerraron en sus casas, temerosos de lo que estaba ocurriendo.

Cerraron puertas y ventanas y se quedaron mirando a la calle esperando que algo ocurriese. Se quedaron boquiabiertos al descubrir a un enorme caballo recorriendo las principales calles. Emitía unos relinchos muy extraños y daba auténtico terror. Encima suyo iba una persona que la mayoría no podía escuchar y tampoco ver la cara.

Pero los más atrevidos se atrevieron a salir afuera. Sobre todo los que se encontraban en los bares. Y entonces sí podían escuchar la terrorífica frase:

—¡Si te alcanzo, te lo pongo!—

Cuantos más incautos se aventuraban a salir a la calle, más personas desaparecían. Los vecinos dieron por hecho que el jinete se los había llevado.

Nadie ha conseguido hablar con él, se cree que es un hombre reservado. Pero todos coinciden en señalar sus impolutas ropas negras. Siempre está bien vestido, quien sabe si para recibir en el infierno a esas almas errantes.

Pasaba un corto periodo de tiempo en un lugar y luego desaparecía sin dejar rastro para no ser visto nunca más. En algunas regiones aseguran que sólo aparecía los viernes, sobre todo en cuaresma o el viernes santo. Aparecía de la nada para desaparecer del mismo modo.

La tradición oral varía levemente de unas zonas a otras. En algunos casos no dicen que sea un fantasma silencioso sino todo lo contrario. Aseguran que aparecía silbando y haciendo mucho ruido, sobre todo por el choque de las patas del caballo contra los suelos empedrados.

Si van a Colombia, tengan cuidado amigos, no creo que les vaya a gustar cruzarse con El Sombrerón

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