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La leyenda de la gritona de Seborucal

La leyenda de la gritona de Seborucal
La leyenda de la gritona de Seborucal.

Hola amigos, hoy viajamos hasta un precioso país; Cuba, para adentrarnos en una de sus leyendas más traumáticas.

Concretamente estamos en el pueblo de Remedios, muy rico en mitos e historias paranormales.

Nos queremos situar en la época de corsarios y piratas para hablarles de la leyenda de la Gritona de Seborucal. Allá por el siglo XVII la villa era frecuentemente atacada por piratas y corsarios.

Los vecinos estaban acostumbrados pero no dejaban nunca de sentir el miedo. Entre ellos vivía una joven muy hermosa, era alta, esbelta y tenía unos enormes ojos negros. Su piel era pálida y su cabello color azabache.

En el año mil seiscientos cincuenta y ocho (1658) llegó a la zona el pirata francés Francisco Náu. Lo llamaban El Olonés y estaba al frente de un grupo de hombres. Arrasaban con todo lo que encontraban y no dejaban más que muertos y heridos.

Todos ellos entraron por la fuerza en la casa de la joven y se llevaron todo lo que encontraron a su paso. Ella intentó esconderse y escapar, pero finalmente el pirata al mando la encontró. Nada más verla, se enamoró de su increíble belleza. Nunca había visto nada igual.

Por eso, quiso convencerla de que lo acompañara y fuera su amante. Pero ella se resistía con todas sus fuerzas, no quería tener nada que ver con aquella gente.

Llegaron incluso a pelearse y la joven le arañó la cara y el pecho. Él, totalmente confundido por ver cómo una joven podía rebelarse a su autoridad, se puso furioso. Y sin pensarlo, agarró un hacha y le cortó la cabeza a la bella dama.

La leyenda dice que el cuerpo de la víctima continuó corriendo por la zona, llevaba la cabeza ensangrentada entre sus manos. Intentaba situarla en su lugar mientras corría, perseguida todavía por los piratas. Tanto corrió que llegó hasta un pozo muy profundo, situado en la zona de Seborucal.

Por mucho que corrieron tras ella no consiguieron atraparla. Buscaron en el pozo, en la caverna donde estaba... pero ni rastro.

Sólo podían ver las manchas de sangre que la joven había dejado a su paso, nada más. Pero los que sí volvieron a verla fueron sus vecinos.

Los pocos que habían conseguido sobrevivir al saqueo de los piratas estaban totalmente aterrorizados.

La joven salía de su escondite cuatro viernes cada año, el primer viernes de enero, el viernes de Dolores, el viernes Santo y el viernes anterior a la navidad. Desde entonces su historia ha ido pasando de generación en generación.

Todos cuentan que el alma de la joven lleva vagando por la zona desde hace varios siglos. Los que han presenciado sus apariciones no pueden pensar ya en otra cosa. Abandona su morada con la cabeza entre las manos y se pasea emitiendo terroríficos gemidos.

Siempre sale de noche, a partir de las doce. Recorre el pueblo de norte a sur y de este a oeste y se detiene en algunas esquinas concretas. Por sus alaridos pasaron a llamarle La Gritona y se convirtió en la pesadilla más recurrente de niños y mayores.

Se dice que cuando escuchaban sus quejidos, los enfermos morían, las embarazadas perdían a sus bebés, los perros aullaban y los sanos se volvían locos.

Los vecinos hace años se envolvían con sábanas blancas y rezaban: ¡Que dios nos asista, ahí viene la gritona de Seborucal!

Todavía a día de hoy se intenta asustar a los niños con esta figura cuando se portan mal. Y la verdad, no sé ustedes, pero yo y mis amigos estamos muy asustados.

Cada vez que giran en una calle temen encontrarse de frente con una joven hermosa con su cabeza entre las manos

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