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La leyenda del Caleuche

La leyenda del Caleuche
La leyenda del Caleuche.

Al sur de la costa de Chile, en la región de los Lagos, hay un archipiélago llamado Chiloé. Sus habitantes se dedican mayoritariamente a la pesca y el comercio, y el litoral está plagado de puertos y modestas aldeas.

Hay una de ellas especialmente pequeña y alejada. No podía siquiera considerarse un pueblo. Sólo un reducido número de casas agrupadas a orillas del mar, como intentando protegerse del clima tormentoso, la lluvia constante y los peligros de la tierra y el océano.

Sus gentes siguen una rutina humilde y sencilla. El resto de la isla es un continente casi desconocido para ellos, y sólo viajan a otros poblados cercanos para vender el producto de la pesca, o los ponchos y mantas que las mujeres tejen.

En el salón de la casa más grande se reúnen periódicamente los hombres para planificar su próxima salida a la mar. Aquella noche en concreto se había desatado un terrible temporal. Llovía de forma feroz, como si toda el agua del mundo cayera sobre la casa.

El viento huracanado parecía querer arrancar las tejas del techo y las paredes, y el mar era un bramido sordo y amenazador.

Después de un rato charlando, uno de los más jóvenes le preguntó a otro más veterano:
 
"¿Usted por qué no se embarca como todos?

Conoce mejor que nadie el clima, las mareas, los cambios del viento… Y sin embargo, permanece siempre en tierra, sin acercarse al mar”.


Se hizo un silencio sepulcral. El aludido quedó pensativo y contestó:

“Porque yo he visto al Caleuche”.


Su relato mantuvo en vilo a todos los presentes.

Hace mucho tiempo habíamos salido a faenar en una barca grande, fácil de navegar, con dos velas que aprovechaban el viento al máximo. Era una embarcación buena para el mar, que había desafiado con éxito muchas tormentas.

La segunda noche se desató un temporal, peor que el de ahora. El cielo y el mar se fundían, el viento huracanado levantaba las aguas, y aterrorizados remamos sin descanso para dirigir la barcaza y embestir de frente las olas enfurecidas.

Perdimos la noción del tiempo, y empapados y rendidos encomendamos nuestra alma, seguros de morir. Pero de repente la tormenta se disipó, y divisamos a lo lejos una luz que avanzaba sobre las aguas. Al acercarse vimos que era un barco, un hermoso y gran velero, del que salían cantos y voces. Irradiaba una extraña luminosidad que destacaba su casco y velas oscuras. Si no fuera por ella, habría parecido un inmenso monstruo marino.

Todos suspiramos aliviados, pensando en abordarlo para ponernos a salvo si el temporal regresaba. Menos el capitán, un hombre experimentado que no fue partícipe de nuestra alegría. Se santiguó y con cara pálida exclamó:
 
¡Es el Caleuche!

“Nuestros huesos, como los de todos que lo han visto, descansarán esta noche en el fondo del mar”.

Estaba casi encima de nosotros, cuando de repente desapareció. Al mismo tiempo volvió la tempestad, con más fuerza aún. No pudimos impedirlo, una ola gigantesca nos hizo volcar.

Cuando recuperé el conocimiento estaba tirado en una playa, rodeado de gente que vino en mi auxilio. Nunca más se supo de mis compañeros, y no me atreví a contar aquel fantasmal encuentro.

Por eso no salgo a navegar. El Caleuche no se perdonará haber perdido a su presa, un hombre vivo que lo ha visto. Si me interno en el mar, veré aparecer un hermoso y oscuro velero iluminado, y será mi muerte segura.


El Caleuche, que en mapuche significa “el que transforma gente”, es un legendario barco fantasma de la mitología Chiloé. También conocido como Buque de Arte o Barco de los Brujos, tiene varias leyendas en torno a su origen.

Algunos lo relacionan con el Holandés Errante, el famoso navío europeo cuyo capitán hizo un pacto con el Diablo, para navegar sin peligro de naufragios. En consecuencia, Dios le castigó a vagar por los mares sin tocar tierra para siempre, y se cree que podría haber surcado estas aguas en el siglo XVII.

Otra teoría habla de la llegada de un barco esclavista, que atrajo a los locales con música y fiesta para hacerlos prisioneros. Por eso la melodía hipnotizadora del Caleuche seduce al que la escucha y lo arrastra a bordo, donde queda atrapado para siempre. Además sufrirá la condena de tener que llevar una pierna sobre la espalda y andar a saltos con la otra, como el Imbunche, personaje de la mitología mapuche.

Este servía como guardián a los Calcus, brujos dedicados a la magia negra. Ellos también viajan en el barco por orden de Millalobo, el rey del mar en la mitología chilota, que les proporciona caballos acuáticos para desembarcar a tierra. Allí hacen tratos con comerciantes que se enriquecen con negocios oscuros.

La leyenda tiene tanta fuerza, que en 1960, cuando un terrible terremoto asoló Chiloé, se decía que las únicas casas que resistieron eran de los que tenían relación con los Calcus, que los habían protegido.

Hay otra leyenda que considera al barco como un ente con vida propia, concedida por Millalobo para recoger las almas de los fallecidos en la mar y transportarlas a otro lugar mitológico, la Ciudad de los Césares.

Además añade un elemento de venganza, Caleuche estaba casado con una loba marina, junto a la que nadaba transformado en uno más de su raza. Pero unos pescadores la mataron, lo que explica su odio contra los humanos.

El mito del Caleuche es uno de los más aterradores del mundo marino. Un navío fantasma que esclaviza a los marineros y deforma el rostro a quien lo contempla. Así que ya saben, amigos, aunque no vayan en barco, tengan mucho cuidado si en la costa ven un velero envuelto en una extraña luz...
 

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