Una sonrisa es uno de los regalos más sencillos y al mismo tiempo, más poderosos que existen. No requiere esfuerzo ni recursos, pero deja huellas profundas en quien la recibe. Aparece en un instante y, sin embargo, puede permanecer en la memoria como un gesto imborrable.
Tiene la virtud de multiplicarse sin dividir: quien sonríe no pierde nada y quien la recibe gana ánimo, cercanía y esperanza. En el hogar suaviza las tensiones, en el trabajo abre caminos y entre las personas crea puentes invisibles de confianza. Ilumina los días grises, alivia el cansancio y devuelve calor cuando el ánimo parece agotado.
Lo más valioso de la sonrisa es que no admite sustitutos. No se compra ni se exige; sólo cobra sentido cuando nace de manera libre y sincera. Y precisamente por eso, cuando alguien no puede ofrecerla, es cuando más la necesita. Regalar una sonrisa en esos momentos es un acto pequeño, pero profundamente humano.
Ahora ya sabes el valor de una sonrisa.
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