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El nuevo Ral

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“El hecho de que no recuerde nada no significa nada". Propongo curar sus heridas, al menos en sus manos, y luego llegaremos a su rostro. Él no será terco, ¿verdad?

Víctor ya estaba encantado, pero estaba roto. Una voz delgada y femenina desconocida pronunció su sentencia.

Que bueno que ya lo encontraste. ¿Él está inconsciente?

- No, recuperé mis sentidos, su excelencia. Según lo acordado, estamos esperando el resto, luego enviaremos un rescate.

¿Es de tu gracia? ¿Cuál es otra apelación? No entiendo nada ¿Qué está pasando aquí? ¿Me ordenó un aristócrata? Parece que algo está picoteando en la memoria... No, está vacía.

-¡No esperes! Usted, inmediatamente vaya por un rescate y dígale al cabeza de familia que si lo siguen, entonces su precioso hijo tendrá que despedirse de su belleza.

-Como ordenes...- se escuchó la voz cautelosa de Kurog y salió de este granero.

-¿Por qué estás congelado? ¿Crees que me quedaré aquí y esperaré? Consígueme una silla rápido, quiero hablar con el prisionero.

-Sí, su excelencia.

-Y por el amor de todo lo que es santo - quítale esta bolsa. Creo que ya adivinó quién era yo por la voz.

La bolsa voló una vez más de la cabeza, esta vez la cara prácticamente no estaba lastimada, pero aún ardía en la mayor parte de la cara, sigue siendo un placer.

Antes de que Víctor fuera una niña. Lo sorprendente es que tenía unos diecinueve, veinte, tal vez veintidós años. Pelo rubio retorcido en ondas, nariz pequeña y labios finos, pero los ojos... Astutos, verdes y triunfantes. El vestido es de lo más corriente, modesto, nada destacable. Pero este atuendo no combinaba tanto con el aspecto de la niña que incluso un no profesional entendería que este es el disfraz más miserable.

-¿Por qué me miras así? Es como si no supieras. ¡Pues tienes una cicatriz! A juzgar por el ojo, me ves perfectamente, pero las lágrimas no corren, ¿realmente lloraste mientras yo no estaba? ¿Y me privaste de este placer?

-Señora, no la reconozco. Y el hecho de que estés tratando de lastimarme, lo estás haciendo en vano.

La respuesta sobresaltó a la chica. Tanto es así que, sin darse cuenta de lo que decía, retrocedió un par de pasos y Víctor, aprovechando la situación y la posición extremadamente frágil del cuerpo de esta persona, tiró de sus manos, desgarrando sus propias carnes y ataduras. Luego, con un salvaje rugido de dolor, arrojó a la niña al suelo de paja. Ella gritó, pero al hombre o más bien al tipo, no le importó. Tal vez ella estaba detrás del secuestro o tal vez solo era un viejo amigo, pero ahora no importaba, necesitas correr mientras tengas fuerzas y la adrenalina no haya pasado...
Salud 7810824000794551211

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