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La historia de Barbanegra el pirata

La historia de Barbanegra el pirata
La historia de Barbanegra el pirata.

Las historias protagonizadas por piratas suelen tener un encanto especial. Aunque normalmente sean villanos siempre nos conquistan y atraen nuestra atención por sus grandes aventuras.

Hoy vamos a conocer la vida de uno de los piratas más famosos de todos los tiempos, vamos a hablar de Edward Thatch, más conocido como el pirata Barbanegra.

La verdad es que se conoce muy poco acerca de su origen o cómo fue su vida antes de comenzar sus fechorías.

La teoría más extendida cuenta que nació en Bristol, al suroeste de Inglaterra, alrededor de 1680.

Aunque otras fuentes afirman que era de Carolina del Sur, en Estados Unidos o de Jamaica.

Incluso se duda de si Edward Thatch era su verdadero nombre, ya que todos lo conocían por su alias.

Lo único cierto es que Barbanegra hizo su primera aparición en el Mar del Caribe, a principios del siglo XVIII. Y que llegó hasta allí presumiblemente como integrante de la Marina Real británica.

En aquella época Estados Unidos todavía no era una nación independiente, y franceses y británicos se disputaban el control de la costa atlántica americana.

Barbanegra tomó parte en este conflicto como un filibustero inglés, es decir un fuera de la ley que se dedicaba a atacar los navíos franceses, y de paso saquear algún que otro pueblo.

Cuando Inglaterra se retiró del conflicto, una gran parte de los 50.000 soldados desplazados hasta el continente americano se quedó sin trabajo, entre ellos el propio Barbanegra.

Así que aprovechando su experiencia profesional, decidió reconvertirse de contrabandista de poca monta a auténtico pirata, y se puso bajo las órdenes de otro célebre corsario, Benjamin Hornigold.

Hornigold era conocido por ser un pirata más “educado” que los demás. Cuentan que en una ocasión persiguió un barco hasta que le dió caza y subió a bordo.

Les explicó a los tripulantes que sus hombres se habían emborrachado y arrojado sus sombreros por la borda la noche anterior, así que les reclamó “amablemente” los suyos. Una vez que tuvo lo que quería, abandonó el barco y se marchó sin más.

Durante 1717, Hornigold y Barbanegra capturaron nada menos que seis cargueros que transportaban mercancías españolas y se los llevaron hasta su base en el Caribe.

A finales de ese mismo año, en la costa de Virginia, consiguieron su mejor captura, un gran buque francés que transportaba oro, joyas y otros bienes.

Lo armaron con cuarenta cañones y lo renombraron como “La Venganza de la Reina Ana”. Esta nave se convirtió en el terror de las costas americanas y hasta llegó a plantar cara a un barco de la Armada Inglesa, el HMS Scarborough, que acabó por huir de ellos.

Hornigold decidió acogerse a una amnistía para piratas, ofrecida por el rey británico Jorge I, y se retiró de la profesión, dejando a Barbanegra al mando.

Poco después hizo nuevamente alianza con otro conocido bucanero, Stede Bonnet, apodado The Gentleman Pirate, el caballero pirata, ya que provenía de una rica familia acomodada.

Sin embargo sus aptitudes como marine no eran muy buenas, así que Barbanegra decidió apartarle del mando de su propio barco, el “Revenge”.

A principios de 1718, Barbanegra siguió con su exitosa carrera, aumentando su fortuna y capturando un nuevo barco, el Adventure.

Tenía cuatro grandes buques y unos 400 hombres a sus órdenes, pero lo que más terror infundía era su apariencia.

A parte de ser alto y fuerte, al entrar en combate se colocaba bajo el sombrero unos trozos de cuerda mojados en salitre que ardían lentamente y soltaban humo, dando un aspecto demoníaco a sus feroces ojos y su barba enmarañada.

Además iba armado hasta los dientes, con varias dagas y puñales alrededor de su cinturón y tres pistolas cargadas en su bandolera.

Hasta tal punto era una amenaza que el gobernador de Carolina del Norte, Charles Eden, le ofreció un trato. Amnistía para él y todos sus hombres dentro de los límites de su estado, a cambio de una pequeña parte de sus botines. Además podía comerciar tranquilamente con las mercancías que robaba.

Después de un gran golpe en Charleston, Carolina del Sur, donde bloqueó el puerto y amenazó con sus cuarenta cañones a la población para conseguir un botín de 1.500 libras, Barbanegra decidió aprovechar la amnistía y retirarse de la piratería.

Le devolvió su barco “Revenge” a Bonnet para que fuese a recoger su indulto, prometiéndole que a la vuelta le entregaría también el “Reina Ana” y repartirían las riquezas.

Pero cuando este volvió, se encontró que el buque estaba vacío y que Barbanegra había huído con todo en el “Adventure”.

Poco después Bonnet fue capturado en Carolina del Sur y condenado a la horca. Por su parte Barbanegra no abandonó del todo su vida delictiva. Siguió atacando barcos de mercancías en la zona, dificultando enormemente el comercio.

Al mismo tiempo que asistía a fiestas organizadas por el gobernador, donde hacía gala de sus malos modales y acosaba a las mujeres.

Pero la suerte de Barbanegra cambió cuando el gobernador de Virginia, molesto por los problemas que causaba, decidió ir a por él.

Le envió dos navíos con más de cincuenta hombres a bordo, y otras dos embarcaciones menores, comandadas todas ellas por el teniente de la Armada Británica Robert Maynard.

Barbanegra se encontraba a bordo de su “Aventura” acompañado por 19 de sus hombres.

Cuando le dieron caza, el pirata, que había estado bebiendo la noche anterior, decidió escapar adentrándose por unos canales de poco caudal que eran difíciles de navegar.

Maynard le siguió en uno de sus barcos, y finalmente los dos encallaron y quedaron frente a frente.

Al teniente inglés se le ocurrió tenderle una trampa y escondió a parte de su tripulación en la bodega del barco, para hacer creer al pirata que podía vencerle en un asalto.

Barbanegra por supuesto fue a por él, y los dos se enfrentaron en una pelea a espada. El pirata consiguió desarmar a su enemigo, pero este sacó su pistola y le disparó.

Barbanegra cayó al suelo desangrado y Maynard aprovechó para recuperar su espada y cortarle la cabeza.

El teniente británico logró volver a casa triunfal, con su nuevo trofeo colgado de lo alto de un mástil.

Y así fue como terminó la leyenda de uno de los piratas más fieros del Caribe.
 

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