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La Quintrala, la malvada terrateniente chilena

La Quintrala, la malvada terrateniente chilena
La Quintrala, la malvada terrateniente chilena.

Hola amigos, bienvenidos a una nueva leyenda de terror. En el artículo de hoy viajaremos hasta Chile para traerles una de sus leyendas más famosas, la de la Quintrala.

En el siglo XVII vivió una poderosa mujer llamada Catalina de los Ríos y Lisperguer en la ciudad de Santiago de Chile. Se sabe que nació hacia el año mil seiscientos (1600), y que sus padres fueron Gonzalo de los Ríos y Catalina Lisperguer Flores, ambos miembros de la nobleza.

Era una joven de extraordinaria belleza: sus exóticos rasgos eran producto de su sangre indígena y europea: alta, de tez blanca y penetrantes ojos verdes. Pero su atributo más llamativo era el cabello, casi del color de la sangre. Muchos lo comparaban con el quintral, una enredadera de flores rojas de la cual recibió el sobrenombre con el que hoy la conocemos.

Pero a pesar de su hermosura siempre había demostrado una parte cruel y sádica. Muchos la empezaron a temer, y a su alrededor pronto aparecieron los primeros rumores. Algunos aseguraban que había hecho un pacto con el diablo para mantenerse joven y bella hasta su muerte. Otros afirmaban que su abuela y su tía le habían enseñado a practicar la brujería y la magia negra, elaborando filtros y venenos.

Una de sus retorcidas aficiones era enamorar a apuestos caballeros a los que después obligaba a batirse en duelo por su amor, provocando la muerte de muchos de ellos. Y luego de utilizarlos para sus perversas intenciones, hacía desaparecer los cuerpos con la complicidad de su familia.

Gracias a su posición social fue esquivando la ley, hasta que fue acusada de asesinar a su propio padre. Se dice que cuando La Quintrala tenía unos dieciocho años, éste cayó gravemente enfermo, y que la joven le preparó una cena sobre la que vertió un veneno que le causó la muerte.

A pesar de que una de sus tías reportó el crimen a las autoridades, Catalina nunca fue inculpada, bien por falta de pruebas o por las influencias de la familia, que hicieron acallar los rumores.

Tras la muerte del padre, quedó bajo la tutela de su abuela. Ésta, viendo la crueldad de su nieta, decidió buscarle un buen hombre con el que pudiese encaminar su vida. Tenía veintidós años cuando se casó con Alonso Campofrío de Carvajal y Riberos, un adinerado coronel español. Gracias a la fortuna de ambos, la pareja rápidamente escaló posiciones en la sociedad.

Ambos se instalaron en “La Ligua”, una de las fincas familiares de La Quintrala y el lugar donde continuó sus siniestros actos con la complicidad de su marido. Allí también dio a luz a su primer y único hijo, que murió antes de cumplir los diez años en circunstancias poco claras.

La muerte la siguió acompañando. En mil seiscientos cincuenta (165)0 ya era viuda, y años más tarde fallecería su hermana, con lo que se convirtió en dueña de gran parte de las tierras familiares.

Fue tras convertirse en terrateniente cuando empezó a desatar toda su crueldad y sadismo hacia sus trabajadores: los azotaba hasta hacerlos sangrar, los quemaba y los humillaba. A los hombres les llegaba a cortar la lengua, y a las mujeres los pechos.

Un gran número de estas torturas acababan en la muerte, ante lo que La Quintrala culpaba a alguno de los trabajadores, que eran juzgados con gran severidad y solían acabar en la cárcel o ahorcados en la plaza, ocultando los crímenes de su ama.

Su crueldad llegó tan lejos que muchos de sus siervos se rebelaron y huyeron a los montes. Pero la cruel dama los mandó a buscar y traerlos de vuelta, y castigándolos hasta la muerte.

A pesar de las continuas denuncias de abusos, La Quintrala nunca fue llevada ante la justicia, ya que tuvo un trato de favor entre jueces y letrados y por parte de familiares con cargos influyentes.

La leyenda dice que en su lecho de muerte se mostró arrepentida, y que pidió clemencia por su alma. Donó gran parte de su fortuna a la fe, y con su dinero se celebraron más de mil misas en su memoria y la de los sirvientes a los que había maltratado, esperando ser perdonada por sus pecados.

Hoy en día, la historia de La Quintrala sigue envuelta en un halo de misterio, y es posible que muchos sucesos se hayan magnificado o inventado. Sin embargo, es innegable que su nombre sigue produciendo escalofríos entre las gentes de Chile, como si en cualquier momento su larga melena carmesí se dejase ver de nuevo... 

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